VIOLENCIA Y CAPITALISMO:

La PROPIEDAD como objetivo fundamental de la vida, la COMPETENCIA como principio regulador de nuestras relaciones sociales y la VIOLENCIA  como forma de conseguir y/o mantener nuestros objetivos son los tres pilares en que se sustenta la convivencia social hoy día en Chile.

Esto es lo que percibe cualquier trabajadora o trabajador ya sea del sistema público o privado, que se encuentre medianamente informado por los medios de prensa oficialistas o por medios alternativos. Por cierto que no tenemos elementos suficientes para asegurar que esto que referimos, es lo que dicen los estudiosos del comportamiento social, pero es la realidad que se nos viene presentando a diario en la calle, el trabajo o la familia. 

Para cualquiera nacido en el siglo anterior -antes del quiebre brutal de la institucionalidad vigente hasta el año 73- esto podría ser el resultado de todos los cambios políticos que se impusieron a punta de fusil en el país, cambios que se afirmaron en la constitución del 80 hecha a la medida de la clase dominante y que vino a cambiar todo, por ejemplo se convirtieron en negocio de la empresa privada nuestros derechos a la salud, educación o vivienda, prácticamente se expropiaron nuestros fondos previsionales y se transformaron hasta el día de hoy en el mejor negocio para los empresarios promotores del golpe de Estado, con estas y otras medidas puestas en práctica se instaló en la masa trabajadora la desconfianza, la inseguridad,  la precariedad laboral y el individualismo.

Con todo el entramado legal construido a partir de ese quiebre institucional, el movimiento sindical se redujo a expresiones mínimas, con escaso poder negociador, sin derecho a huelga real y efectivo y principalmente centrado en la lucha reivindicativa sectorial. Con la complicidad de partidos políticos y dirigentes vendidos, muchas organizaciones olvidaron la lucha por cambios políticos de fondo y se entregaron obedientes a defender el modelo económico, pactando vergonzosos acuerdos con la patronal y los gobiernos de turno. En ese escenario brevemente resumido, sin adornar los crudos hechos, nos podemos preguntar; ¿Se está transformando Chile en un país socialmente enfermo? ¿Puede un sistema económico y político modificar las conductas de toda una población?

Lamentablemente la semana recién pasada estuvo marcada por tres hechos de distinta naturaleza, que parecen dar la razón a estas interrogantes y que dejan en evidencia el predomino de la violencia como forma de resolución de conflictos y la incapacidad de enfrentar sin dañar a otros la frustración, la competencia o el individualismo.

En uno de estos casos un descontrolado funcionario armado, parte de una de las instituciones policiales más cuestionadas del momento por los actos de corrupción hasta ahora conocidos, dispara al cuerpo de un conductor de uber que se negaba al control policial. Reconociendo lo estúpido de la reacción del chofer, ese acto de violencia policiaca en cualquier país del mundo sería considerado un uso desproporcionado de la fuerza, pero sorprendentemente en Chile, desde ciudadanos comunes hasta altas autoridades de gobierno, respaldaron el descontrol del policía.

En otro caso un joven al parecer con antecedentes de violencia en su colegio, incapaz de controlar la frustración y aparentemente incapaz de  entender que las mujeres son seres libres y pensantes, con capacidad para elegir el rumbo de su vida, ante la ruptura de su relación sentimental asesina a su ex polola y a la madre de esta.

En el último caso un desacuerdo entre cliente y vendedor termina con un tercero muerto solo por estar en la misma tienda donde se produjo el altercado, un descontrolado y frustrado cliente arroja hacia la tienda una llave de cruz matando a una persona que no era parte del problema, cierto que en nuestro país se promueve el consumo hasta el cansancio y también es cierto que a la hora de tener algún problema con lo que compramos la gran mayoría de tiendas no responde o responde mal y la ley los ampara, pero actuar con ese grado de irracionalidad probablemente es síntoma de otras cosas más profundas.

La Alcaldesa de la comuna de La Pintana tras la muerte de un carabinero dijo a un medio de prensa: “El narcotráfico es la expresión más salvaje del capitalismo”* luego en esa misma entrevista hace referencia a la concentración de la pobreza y abandono en que se encuentra esa comuna, pero como sabemos bien esa situación no es ajena a innumerables comunas a lo largo de todo el país. Que este modelo de capitalismo feroz ha profundizado la desigualdad social en chile ya nadie lo discute, que estos niveles de desigualdad generan serios conflictos a nivel personal, familiar y  con nuestro entorno social, también parece ser indesmentible a la luz de estas trágicas noticias.

La clase trabajadora es la que está más expuesta a las consecuencias sociales del capitalismo neoliberal extremo, porque es en nuestros barrios donde el narcotráfico se ha tomado las calles, son nuestros trabajos los inestables y precarizados, somos nosotros(as) quienes a diario sufrimos un sistema de transporte ineficiente, inseguro y caro. Somos notros(as) quienes vemos como año tras año se vulneran nuestros derechos en salud, previsión, vivienda y educación. Y si alguna vez con las ganas de buscar una solución a todo esto, salimos a la calle para visibilizar la desigualdad, se nos viene encima la represión más brutal.

Pero también somos nosotros como trabajadores y trabajadoras organizados(as) los que tenemos la obligación de llevar estos temas a la discusión del sindicato, la junta de vecinos, los centros de padres, porque la búsqueda de las soluciones a estas enfermedades sociales no va a venir del sector político que impuso estas normas legales y que se beneficia con ellas, tiene que venir de la clase social que sufre cotidianamente las consecuencias de los cambios, las propuestas de solución tienen que venir de la clase trabajadora.

La violencia como método de control social no es un concepto nuevo en el mundo, tampoco lo ha sido en Chile y eso en la actualidad lo vivimos a diario, hoy sabemos que en los tiempos de la dictadura cuando el control de las organizaciones sociales y políticas era extremo y la policía secreta mataba opositores, en las poblaciones crecieron sin mayor problema las organizaciones criminales.

Desde entonces muchos sectores del país están controlados por delincuentes, se sabe que las armas las bandas las consiguen de muchas formas, incluso de la misma policía como pasa con las subametralladoras UZI, su influencia tiene ramificaciones insospechadas, en el 2017 por ejemplo se supo que en la comuna de San Ramón, el Alcalde (PS) contrató a reconocidos narcotraficantes.**

Sin caer en la exageración o la paranoia podríamos decir que la ineficiencia para reprimir a la delincuencia en contraste a la eficiencia con que se reprime la protesta política no es casualidad y tiene como fin aumentar la sensación de inseguridad, la desconfianza en la organización sindical o el trabajo colectivo, el miedo y la paralización del movimiento sindical o social.

Pero las y los Trabajadores Chilenos tenemos una larga historia de lucha sindical, ha sido un proceso que no ha estado nunca libre de momentos duros y amargos en los que la patronal y el Estado han respondido con violencia a las justas demandas de la clase trabajadora, pero después de cada golpe, después de cada masacre, nos hemos levantado otra vez y hemos sabido salir adelante.

Los horrores de la escuela Santa María o de la salitrera  la Coruña, por dar algunos ejemplos, son momentos que siempre estarán en la memoria del movimiento sindical, pero que no les sirvieron a los patrones para callarnos para siempre, porque somos resistencia y somos historia viva. Con el ejemplo de Recabarren, Clotario y cientos de Compañeras y Compañeros que lucharon antes pero que siguen vivos en las luchas del presente, hoy levantamos nuevamente las banderas de la clase y junto a otras organizaciones sindicales le damos vida a la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras, que será sin lugar a dudas, la organización capaz de unir a las y los Trabajadores que no claudican en su lucha por recuperar  nuestros derechos.